El abismo no nos detiene, el agua es más bella despeñándose.
Ricardo Flores Magón.
La caída en el crecimiento de la economía; la pérdida de millones de empleos; el aumento en la inseguridad; la falta de oportunidades educativas y la creciente desigualdad política y económica son sólo algunos de los efectos atroces de un modelo de Estado y de sociedad contradictoria que se fue instaurando a lo largo de la era postindependentista y pos revolucionaria del siglo XX. Hoy dicho modelo ha entrado en una crisis mortal y pone a México en una encrucijada histórica.
En la OPC-CLETA estamos claros que estas contradicciones políticas y económicas son debidas, fundamentalmente, al fracaso del modelo neoliberal y capitalista mantenido por los gobiernos priistas, panistas y perredistas. Sin embargo, reconocemos que la crisis se debe también al fracaso del modelo de vida de una “sociedad moderna y colonialista” que se basa en el deseo de acumulación de ganancias, poder y placer a costa de relaciones de dominación de unos sobre otros y de la destrucción masiva de los ecosistemas y de la diversidad biológica.
La crisis de este modelo de dominación atraviesa todos los campos de la vida de nuestro país: Gobiernos corruptos sobre poblaciones desorganizadas y apáticas; empresarios explotadores sobre millones de trabajadores sin derechos y sin conciencia de clase; hombres machistas sobre mujeres excluidas; universidades y maestros autoritarios sobre alumnos amordazados y sumisos, etc., etc.
La crisis mexicana, es pues, una crisis de la totalidad de la vida de nuestro país.
¿Qué debemos hacer entonces para superar esta etapa de contradicciones políticas, económicas y culturales?
Desde sus orígenes el CLETA ha respondido a este cuestionamiento con un programa mínimo: organizar y organizarnos a través de la cultura de liberación.
Esta idea se convirtió en un principio que guió implícitamente el trabajo de la organización durante más de 3 décadas y que ha estado presente en nuestras obras artísticas, nuestra propaganda y nuestro trabajo popular.
Poco a poco y no sin contradicciones, fue necesario hacer explicito esto, y decir que nuestra organización cultural no era un instrumento de las organizaciones políticas, sino que ella había sido y era, en su carácter cultural de liberación, una organización política.
Esto fue reconocido y declarado a partir de 1998 en que en un Congreso del CLETA, se decidió impulsar trabajo de organización política. La primera manifestación de este acuerdo fue la participación relevante del CLETA en la huelga del CGH de la UNAM. Fue en el Congreso de Querétaro de 2007 en que le dimos nombre a este proceso con tres palabras que hoy clarifican el sentido de nuestra lucha: Organización Político Cultural- CLETA.
Sin embargo, la represión sobre el movimiento sindical, campesino y estudiantil; el fracaso en las vías electorales y comunitaristas para transformar esta crisis del tejido social, exigen una mayor claridad sobre el significado que tiene en la vida real, el organizarse político-culturalmente para la liberación.
Por todo esto y después de múltiples debates y discusiones hemos dado un paso en la clarificación y profundización de la respuesta a la pregunta ¿qué hace y cómo luchar contra esta crisis generalizada? Aquí formulamos parte de los resultados de esta discusión:
1. LA INSTITUCIÓN DEL Y PARA EL PODER POPULAR.
No hay organización liberadora cuando en ella gobierna el espontaneísmo o el academicismo. No hay organización revolucionaria cuando se instituye el asistencialismo o la manipulación política. No hay organización popular cuando se instituye el individualismo ególatra o el comunitarismo autoritario.
Una organización cuando es política y cuando es de liberación es una comunidad de individuos que instituyen y cumplen principios, estructura y estrategia democráticos y liberadores. Sin estos momentos difícilmente se puede hacer factible una transformación local ni mucho menos nacional de largo alcance.
Es por esto que para nosotros se requieren organizaciones político-culturales que sean comunidades de actores y sujetos que con conciencia y autoconciencia (dadas por el trabajo y la educación cultural) logran instituir un modo de vida donde se superen los vicios de dominación que imperan en la sociedad moderna.
Para nosotros una institución de lucha social es aquella comunidad organizada que ejerce crítica y autocríticamente un poder popular comunitario (democracia participativa) y un poder popular representativo (democracia representativa). Creemos que es necesario superar teórica y prácticamente el dilema que pone al poder popular como únicamente participativo y aquel que lo pone como únicamente representativo. Lo importante para nosotros es que la comunidad debe gestar sus formas de gobierno (momento representativo), pero unido necesariamente a un momento participativo y creativo de todos los que conforman dicha comunidad.
2. HORIZONTE DE LIBERACIÓN.
La OPC-CLETA lucha por y construye una población organizada, consciente, es decir, crítica y autocrítica, permanentemente creativa, practicante de un poder popular participativo y representativo en todos los ámbitos culturales, así en la esfera pública como en la privada, de una pedagogía liberadora, de una comunicación funcional y democrática, de una economía y una ecología creativas y responsables, de una cultura y una erótica profundas e igualitarias; buscamos reivindicar, entonces, el ejercicio del poder popular comunitario, materializado necesariamente en las micro (comunidades) y macro instituciones (el Estado, en tanto órgano administrativo) que respondan cabalmente a los principios de liberación imprescindibles para el desarrollo de todos los miembros de una comunidad política y, en general, de la especie humana.
A esta visión nos referimos cuando decimos que luchamos por un socialismo, en un primer momento nacional (no nacionalista) auto-consciente y, en segundo, hacia un bloque socialista latinoamericano y mundial, no organizado por la hegemonía y el caos del mercado, sino vehiculado por instituciones administrativas fundamentadas y dialogadas en los valores de un hombre nuevo.
Frente a este panorama, nuestra estrategia de lucha es la de la lucha cultural concientizante hacia un poder popular que entendemos no sólo como la agrupación de fuerzas populares que apunten hacia la toma del control del Estado (momento que, por lo demás, será en algún punto insoslayable), sino sobre todo como la generación-autoreconocimiento de actores políticos en cada una de las esferas culturales: una organización artística, educativa o periodística, por ejemplo, aunque no luche directamente por la recuperación de un Estado nacional, pero sí presente un funcionamiento interno basado en el “mandar obedeciendo” zapatista, es, sin duda alguna, una institución de poder popular.
Para nosotros este horizonte de liberación exige el trabajo cotidiano y permanente de los siguientes frentes de lucha complementarios:
A) Transformación y/o recuperación de instituciones:
Es necesario construir una red de trabajo entre organizaciones e instituciones de lucha ya formadas a fin de elaborar un proyecto común para la recuperación de instituciones y empresas estatales. Las exigencias dirigidas al Estado necesitan convertirse en programas de transformación de dichas instituciones (como el IMSS, la SEP, la UNAM, etc.). Este frente, sin duda alguna, debe estar indisolublemente ligado a una estructura democrática, sin la cual carece de todo sentido: en efecto, cualquier “política de alianzas” para la toma de una institución que no esté ligada a un proceso de institucionalización interna (con sus respectivos postulados de horizontes de liberación, principios, estructura, estrategias y tácticas de lucha) corre el riesgo de volverse un frente inmediatista, carente de un programa factible de transformación nacional y fácilmente corruptible.
B) Ser Instituciones del y para el poder popular:
Se refiere a la estructura interna necesaria que haga factible la transformación cotidiana e histórica de la vida social. Si bien, como lo hemos dicho, nuestra estrategia de lucha se enfoca en el ámbito cultural, no por ello ignoramos la necesidad material —inmediata, sí, pero también de largo plazo— de instituirnos autogestionariamente; en ese sentido, visualizamos a la Organización Político Cultural CLETA como la síntesis de dos luchas: la pedagógica y la autogestiva en cada uno de las áreas de la cultura popular.
¿Qué significa esto? Que la OPC-CLETA asume la responsabilidad de la formación y organización de cuadros conscientes que, desde sus distintos ámbitos de acción cultural (teatro, periodismo, medicina, psicología, artes, etc.) ejerzan el poder popular comunitario (en el sentido anteriormente acotado), y al mismo tiempo la generación de opciones de vida económica (servicios, cooperativas, foros, etc.) para la comunidad.
Para nosotros es claro, que sólo a partir de esta consolidación e institucionalización internas (de formación y alternativa laboral), podremos irnos configurando como una Institución de lucha nacional e internacional que al lado de otras fuerzas, pueda luchar con la claridad, la coherencia y la fuerza necesarias para recuperar hegemónicamente el Estado mexicano (frente A), recuperación que, por un lado, deberá trascenderse a sí misma, salir de su primer (aunque, a nuestro parecer, ineluctable) momentos nacionales, a fin de encaminarse a la lucha latinoamericana y mundial.
Ahora bien tenemos muy claro, que la transformación del estado y la institucionalización de la lucha, carece de todo sustento, y aun corren alto riesgo histórico de caer en vanguardismos políticos o, peor aún, en dictaduras de burocracias, si no se apoya en:
C) La generación de nuevas instituciones y formas del poder popular:
Dicho frente se refiere a la identificación y agrupación de actores políticos de la sociedad actual, desorganizada y con necesidades y reinvidicaciones distintas (jóvenes, campesinos, burócratas, amas de casa, homosexuales, etc.), con vistas a su concientización y auto-organización en comunidades de lucha. Estos sectores organizados (frente C) será el germen de una nueva sociedad y comunidades socialistas que, al llevar a la práctica un poder popular en sus micro instituciones, estará intrínseca y conscientemente ligada a una transformación de macro-instituciones estatales (que vayan superando el carácter heterónomo del estado y la sociedad). Juntos, las nuevas micro y macro instituciones y comunidades del poder popular, podrán concentrar fuerzas para una lucha de liberación mundial.
Con la formulación de estos frentes de lucha, la OPC-CLETA no busca dar un esquema universal y absoluto, sino la respuesta que hoy daremos desde nuestra lucha a todos aquellos que nos pregunten qué pueden hacer para transformar la terrible situación que vive nuestro pueblo. El carácter abierto es también una invitación a dialogar estas consideraciones con otras voces y organizaciones fraternas.
Con esta visión esperamos que el llamado ambiguo a la organización popular, pueda ahora ser explícitamente y estratégicamente el llamado permanente a la lucha por la consolidación, transformación y generación de instituciones del y para el poder popular.
Abrimos nuestras puertas para aquellos individuos y colectivos que decidan ser parte de la construcción de estos frentes, incorporándose a la comunidad de la OPC-CLETA y sus instituciones periodísticas, pedagógicas y artísticas.
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