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El Machete No. 203. Mayo 2010

         
 

 

Editorial:
A Machetear

Portada:

Ante el Fracaso Neoliberal y la Crisis Social:Un Nuevo Poder Popular

Melchor López
Movimiento, Organización e Institución Social

Alberto Hijar
Dialéctica de la Solidaridad


37 Años del CLETA en la Casa del Lago

CLETA y el Foro Social Mundial

 
 
     
 
Editorial No. 203. A machetear
 
     
   

 

En la actualidad se habla de la necesidad que hay de experimentar nuevas formas de hacer política a través de la cultura. Muchas de estas formas que se plantean son las que CLETA ha implementado desde su fundación en 1973,  concretándose en 1982, cuando con principios claros, una estructura bien definida y una táctica y estrategia (acordadas en los llamamos Congresos Educativos), nos lanzamos a la aventura de construir una organización nacional (ver periódico El Chido # s  56 al 59 de septiembre de 1982 a febrero de 1993. También folleto ¿Qué es CLETA? Editado como resultado de esos Congresos y reeditado en 1994).

Esto permitió construir una organización nacional que fue golpeada con el surgimiento del “cuahutemismo” en 1988, que derivó en la formación del PRD y con la represión directa gubernamental que tuvo su punto máximo en enero de 1996 con la destrucción de la Casa del Lago y el asesinato del cleto Joel Ramírez “El Chuco”.

El gobierno estaba muy dolido, entre otras razones por la derrota que les infringimos al impedir sus planes de privatización de la primera sección del bosque de Chapultepec. Por ello nos tiraron a matar con la consigna de destruir la organización. Los cletos nos replegamos con línea de resistir, había que defender la organización tomando medidas importantes como la que asumimos en el Congreso de 1998 en que abiertamente decidimos realizar trabajo de organización política, apareciendo como tal en el CGH durante la huelga de la UNAM , la lucha de los campesinos de Atenco en contra de la construcción del aeropuerto, entre otras acciones.

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Ante el Fracaso Neoliberal y la Crisis Social: Un Nuevo Poder Popular

 
 
 

El abismo no nos detiene, el agua es más bella despeñándose.

Ricardo Flores Magón.

La caída en el crecimiento de la economía;  la  pérdida de millones de empleos; el aumento en la inseguridad; la falta de oportunidades educativas  y la creciente desigualdad política y económica son sólo algunos de los efectos atroces de un modelo de Estado y de sociedad  contradictoria que se  fue instaurando a lo largo de la era postindependentista y  pos revolucionaria del siglo XX. Hoy dicho modelo ha entrado en una crisis mortal y pone a México en una encrucijada histórica.

En la OPC-CLETA  estamos claros que estas contradicciones políticas y económicas  son debidas, fundamentalmente,   al fracaso del modelo neoliberal  y capitalista mantenido por  los gobiernos priistas, panistas y perredistas. Sin embargo, reconocemos  que la crisis  se debe también  al fracaso del  modelo de  vida de una  “sociedad moderna y colonialista”  que se basa en  el deseo de acumulación de ganancias, poder y placer a costa de relaciones de dominación de unos sobre otros y de la destrucción masiva de los ecosistemas y de la diversidad biológica.

 

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Editorial no 203.
 
       
 

Nuevamente a Machetear

En la actualidad se habla de la necesidad que hay de experimentar nuevas formas de hacer política a través de la cultura. Muchas de estas formas que se plantean son las que CLETA ha implementado desde su fundación en 1973,  concretándose en 1982, cuando con principios claros, una estructura bien definida y una táctica y estrategia (acordadas en los llamamos Congresos Educativos), nos lanzamos a la aventura de construir una organización nacional (ver periódico El Chido # s  56 al 59 de septiembre de 1982 a febrero de 1993. También folleto ¿Qué es CLETA? Editado como resultado de esos Congresos y reeditado en 1994).

Esto permitió construir una organización nacional que fue golpeada con el surgimiento del “cuahutemismo” en 1988, que derivó en la formación del PRD y con la represión directa gubernamental que tuvo su punto máximo en enero de 1996 con la destrucción de la Casa del Lago y el asesinato del cleto Joel Ramírez “El Chuco”.

El gobierno estaba muy dolido, entre otras razones por la derrota que les infringimos al impedir sus planes de privatización de la primera sección del bosque de Chapultepec. Por ello nos tiraron a matar con la consigna de destruir la organización. Los cletos nos replegamos con línea de resistir, había que defender la organización tomando medidas importantes como la que asumimos en el Congreso de 1998 en que abiertamente decidimos realizar trabajo de organización política, apareciendo como tal en el CGH durante la huelga de la UNAM , la lucha de los campesinos de Atenco en contra de la construcción del aeropuerto, entre otras acciones.

Durante la primera década del siglo XXI,  (como en otros momentos de su historia), el CLETA tuvo también retos internos relacionados con los modos de ejercer nuevas formas de ser y hacer política. En los primeros años de dicho siglo,  la estrategia política del CLETA se le denominaba “Proyecto Político Cultural (PPC)”, sin embargo la falta de formación y  discusión, el desbalance entre teoría y práctica, democracia y  liderazgo, impedía que  dicho proyecto se  consolidará en una comunidad política que integrara los nuevos proyectos (como el Machetearte, APIA, la ECP , etc). Largas discusiones y pre-congresos, coloquios de historia y asambleas; la  salida y llegada de compañeros valiosos  y una resignifación de la militancia hicieron que en el congreso de 2007,  reconociéramos explícitamente que la política no era un proyecto más, sino que la organización misma  con sus nuevos proyectos y áreas de trabajo, había sido y debía ser una Organización Político Cultural.

En toda esta historia el accionar político de CLETA siempre ha ido acompañado de sus medios periodísticos. Desde el primer número del periódico C.L.E.T.A. que se publicó el 28 de octubre de 1973 se refleja esta manera de hacer política. En su portada se leen tres artículos: “Una Necesidad: el Teatro de Urgencia”, “Entrevista con Gloria Contreras” y el artículo principal “ La Colonia Rubén Jaramillo, Historia de Una Colonia”. Este C.L.E.T.A. dio paso en mayo del 77 al periódico CLETA DF y el 23 de septiembre de 1979 a El Chido, que inició como un boletín y que su cabeza de portada fue “Miguel Hidalgo Condenado a Muerte. En él deja testimonio del acto de independencia que el CLETA organizó la noche del 15 de septiembre de ese año en el Foro Abierto de la Casa del Lago, en Chapultepec.

El Chido se mantuvo durante diez años, dejando su estructura a El Machete que ante la disolución del llamado Partido Comunista Mexicano quedó a la deriva. Y no fue casual su publicación: lo lanzamos en septiembre de 1989, pocos días después de la caída del Muro de Berlín cuando los pregoneros capitalistas gritaban felices la “muerte del socialismo”. Retomar El Machete fue una acción política clara al reivindicar los símbolos de la hoz y el martillo que los trabajadores culturales de los años 20 del siglo pasado habían plasmado en su cabeza. Y estamos hablando de Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y Tina Modotti, entre otros.

Desde su inicio tratamos de que El Machete fuera una tribuna de varias organizaciones políticas radicales. No lo logramos. En la medida que el trabajo avanzaba distintas formas de trabajo se enfrentaban y teníamos que volver a empezar. Sin embargo, no fue en vano ese esfuerzo pues mantenerlo sirvió para alimentar proyectos como Machetearte, que nace al calor de la resolución del congreso de CLETA de 1988 de hacer trabajo político y El Zenzontle, cuyo equipo original aprendió en EL Machete para de manera respetuosa y responsable retirarse para empujar un proyecto periodístico de su organización.

En  la última etapa de reconstrucción del CLETA y la transformación hacia la OPC-CLETA  el Machete fue retomado por varios equipos de trabajo que hicieron loables esfuerzos por  impulsar y mantener  el periódico ante importantes coyunturas que se vivían. Hoy queremos superar la falta de constancia, con la emergencia de este número en que ratificamos que El Machete, en tanto órgano de opinión de la OPC-CLETA , sea un motor que coadyuve en la  consolidación, generación y transformación de instituciones y movimientos de lucha y de poder popular, en el ámbito urbano y rural, a nivel nacional e internacional. La crisis casi total de nuestro país, y la historia de una independencia y revolución inconclusas lo ameritan.

Por lo pronto nos hemos puesto el objetivo de que su periodicidad sea mensual, que sirva como trinchera de difusión, formación y  discusión, de crítica y autocrítica, y  sobre todo, que brinde herramientas teórico-prácticas para la organización  de nuevos  actores y movimientos sociales.

Esperamos contar con tu apoyo para lograrlo.

 

 

 
       
 
   
                 
       
       
 

Ante el Fracaso Neoliberal y la Crisis Social: Un Nuevo Poder Popular

 
       
 

El abismo no nos detiene, el agua es más bella despeñándose.

Ricardo Flores Magón.

La caída en el crecimiento de la economía;  la  pérdida de millones de empleos; el aumento en la inseguridad; la falta de oportunidades educativas  y la creciente desigualdad política y económica son sólo algunos de los efectos atroces de un modelo de Estado y de sociedad  contradictoria que se  fue instaurando a lo largo de la era postindependentista y  pos revolucionaria del siglo XX. Hoy dicho modelo ha entrado en una crisis mortal y pone a México en una encrucijada histórica.

En la OPC-CLETA  estamos claros que estas contradicciones políticas y económicas  son debidas, fundamentalmente,   al fracaso del modelo neoliberal  y capitalista mantenido por  los gobiernos priistas, panistas y perredistas. Sin embargo, reconocemos  que la crisis  se debe también  al fracaso del  modelo de  vida de una  “sociedad moderna y colonialista”  que se basa en  el deseo de acumulación de ganancias, poder y placer a costa de relaciones de dominación de unos sobre otros y de la destrucción masiva de los ecosistemas y de la diversidad biológica.

La crisis de este modelo de dominación  atraviesa todos los campos de la vida de nuestro país: Gobiernos corruptos  sobre  poblaciones desorganizadas y apáticas;  empresarios explotadores  sobre  millones de  trabajadores sin derechos y sin conciencia de clase; hombres  machistas  sobre mujeres excluidas; universidades y maestros autoritarios sobre alumnos amordazados y sumisos, etc., etc.

La crisis mexicana, es pues,  una crisis de la totalidad  de la vida  de nuestro país.

¿Qué debemos hacer entonces para superar esta etapa de contradicciones políticas, económicas y culturales?

Desde sus orígenes el CLETA ha respondido a este cuestionamiento  con un programa mínimo: organizar y organizarnos a través de la cultura de liberación.

Esta idea  se convirtió en  un principio que guió implícitamente el trabajo de la organización durante más de 3 décadas  y  que ha estado presente en nuestras obras artísticas, nuestra propaganda y nuestro trabajo popular.

Poco a poco y  no sin contradicciones,  fue necesario hacer explicito esto, y decir que nuestra organización cultural no era un instrumento de las organizaciones políticas, sino que ella había sido y era,  en su carácter cultural de liberación, una organización política.

Esto fue reconocido y declarado a partir de 1998 en que en un Congreso del CLETA, se decidió impulsar trabajo de organización política. La primera manifestación de este acuerdo fue la participación relevante del CLETA en la huelga del CGH de la UNAM. Fue en el Congreso de Querétaro de 2007 en que le dimos nombre a este proceso con tres palabras que hoy clarifican el sentido de nuestra lucha: Organización Político Cultural- CLETA.

Sin embargo, la represión sobre el movimiento sindical, campesino y estudiantil; el fracaso en las vías  electorales y comunitaristas para transformar esta crisis del tejido social,  exigen una mayor claridad sobre el significado que tiene en la vida real,  el organizarse  político-culturalmente para la liberación.

Por todo esto y después de múltiples debates y discusiones hemos dado un paso en la clarificación  y profundización de la respuesta a la pregunta ¿qué hace y cómo luchar contra esta crisis generalizada?  Aquí formulamos parte de los resultados de esta discusión:

1.  LA INSTITUCIÓN DEL Y PARA EL PODER POPULAR.

No hay organización liberadora cuando en ella gobierna el espontaneísmo o el academicismo. No hay  organización revolucionaria cuando se instituye  el asistencialismo o la manipulación política. No hay organización popular cuando se instituye el individualismo ególatra o el comunitarismo  autoritario.

Una organización  cuando es política y cuando es de liberación es una comunidad de individuos que instituyen y cumplen principios, estructura y estrategia democráticos y liberadores. Sin estos momentos difícilmente se puede hacer factible una transformación local ni mucho menos nacional de largo alcance.

Es por esto que para nosotros se requieren  organizaciones político-culturales que sean  comunidades de actores y sujetos  que con  conciencia y autoconciencia (dadas por el trabajo y la educación cultural)  logran  instituir un modo de vida donde se superen los vicios de dominación que imperan en la sociedad moderna.

Para nosotros una institución de lucha social es aquella comunidad organizada que ejerce crítica y autocríticamente un poder popular comunitario (democracia participativa) y un poder popular representativo (democracia representativa).  Creemos que es necesario superar teórica y prácticamente el dilema que pone al poder popular como únicamente participativo  y aquel que lo pone como únicamente representativo.  Lo importante para nosotros es que la comunidad debe gestar sus formas de gobierno (momento representativo), pero unido necesariamente a un momento participativo y creativo de todos los que conforman dicha comunidad.

2. HORIZONTE DE LIBERACIÓN.

La OPC-CLETA lucha por y construye una población organizada, consciente, es decir, crítica y autocrítica, permanentemente creativa, practicante de un poder popular participativo y representativo  en todos los ámbitos culturales, así en la esfera pública como en la privada, de una pedagogía liberadora, de una comunicación funcional y democrática, de una economía y una ecología creativas y responsables, de una cultura y una erótica profundas  e igualitarias; buscamos reivindicar, entonces, el ejercicio del poder popular comunitario, materializado necesariamente en las  micro (comunidades)  y macro instituciones (el Estado, en tanto órgano administrativo) que respondan cabalmente a los principios de liberación  imprescindibles para el desarrollo de todos los miembros de una comunidad política y, en general, de la especie humana.

A esta visión nos referimos cuando decimos que luchamos por un socialismo, en un primer momento nacional (no nacionalista) auto-consciente y, en segundo, hacia un bloque socialista latinoamericano y  mundial, no organizado por la hegemonía y el caos del mercado, sino vehiculado por instituciones administrativas fundamentadas  y dialogadas en los valores de un hombre nuevo.

Frente a este panorama, nuestra estrategia de lucha es la de la lucha cultural concientizante hacia un poder popular que  entendemos no sólo como la agrupación de fuerzas populares que apunten hacia la toma del control del Estado (momento que, por lo demás, será en algún punto insoslayable), sino sobre todo como la generación-autoreconocimiento de actores políticos en cada una de las esferas culturales: una organización artística, educativa o periodística,  por ejemplo, aunque no luche directamente por la recuperación de un Estado nacional, pero sí presente un funcionamiento interno basado en el “mandar obedeciendo” zapatista, es, sin duda alguna, una institución de poder popular.

Para nosotros este horizonte de liberación  exige el trabajo cotidiano y permanente de los siguientes frentes de lucha complementarios:

A) Transformación y/o recuperación de instituciones:

Es necesario construir una red de trabajo entre organizaciones e instituciones de lucha ya formadas a fin de elaborar un proyecto común para la recuperación de  instituciones  y empresas estatales. Las exigencias dirigidas al Estado necesitan convertirse en  programas de transformación  de dichas instituciones (como el IMSS, la SEP, la UNAM, etc.).  Este frente, sin duda alguna, debe estar indisolublemente ligado a una estructura democrática, sin la cual carece de todo sentido: en efecto, cualquier “política de alianzas” para la toma de una institución  que no esté ligada a un proceso de institucionalización interna (con sus respectivos postulados de horizontes de liberación, principios, estructura, estrategias y tácticas de lucha) corre el riesgo de volverse  un frente  inmediatista, carente de un programa factible de transformación nacional y fácilmente corruptible.

B) Ser Instituciones  del  y para el poder popular:

Se refiere a la estructura interna necesaria que haga factible la transformación cotidiana e histórica de la vida social. Si bien, como lo hemos dicho, nuestra estrategia de lucha se enfoca en el ámbito cultural, no por ello ignoramos la necesidad material —inmediata, sí, pero también de largo plazo— de instituirnos autogestionariamente; en ese sentido, visualizamos a la Organización Político Cultural CLETA como la síntesis de dos  luchas: la  pedagógica y la autogestiva en cada uno de las áreas de la cultura popular.

¿Qué significa esto? Que la OPC-CLETA  asume la responsabilidad  de la formación y organización de cuadros conscientes que, desde sus distintos ámbitos de acción cultural (teatro, periodismo, medicina, psicología, artes, etc.) ejerzan el poder popular comunitario (en el sentido anteriormente acotado), y al mismo tiempo  la generación de opciones de vida económica (servicios, cooperativas, foros, etc.) para la comunidad.

Para nosotros es claro, que sólo a partir de esta consolidación e institucionalización internas (de formación y alternativa laboral),  podremos irnos configurando como una Institución de lucha nacional e internacional  que al lado de otras fuerzas, pueda luchar con la claridad, la coherencia y la fuerza necesarias para recuperar hegemónicamente el Estado mexicano (frente A), recuperación que, por un lado, deberá trascenderse a sí misma, salir de su primer (aunque, a nuestro parecer, ineluctable) momentos nacionales, a fin de encaminarse a la lucha latinoamericana y mundial.

Ahora bien tenemos muy claro, que la transformación del estado y la institucionalización de la lucha, carece de todo sustento, y aun corren alto riesgo histórico de caer en vanguardismos políticos o, peor aún, en dictaduras de burocracias, si no se apoya en:

C) La generación de  nuevas instituciones y formas del poder popular:

Dicho frente  se refiere a la identificación y agrupación de actores políticos de la sociedad actual, desorganizada  y con necesidades y reinvidicaciones distintas (jóvenes, campesinos, burócratas, amas de casa, homosexuales,  etc.), con vistas a su concientización y auto-organización en comunidades de lucha.  Estos sectores  organizados  (frente C) será el germen de una nueva  sociedad y comunidades socialistas que, al llevar a la práctica un poder popular en sus micro instituciones, estará intrínseca y conscientemente ligada a una transformación de macro-instituciones estatales (que vayan superando el carácter heterónomo del estado y la sociedad). Juntos, las nuevas micro y macro instituciones y comunidades del poder popular, podrán concentrar fuerzas para una  lucha de liberación mundial.

Con la formulación de estos frentes de  lucha, la OPC-CLETA no busca dar un esquema universal y absoluto, sino la respuesta que hoy daremos desde nuestra lucha a todos aquellos que nos pregunten qué pueden hacer para transformar  la terrible situación que vive nuestro pueblo. El carácter abierto es también una invitación a  dialogar estas consideraciones  con otras voces y organizaciones fraternas.

Con esta visión esperamos  que el llamado ambiguo a la organización popular, pueda ahora ser  explícitamente  y estratégicamente el llamado permanente a la lucha por  la consolidación, transformación y generación de instituciones del y para el  poder popular.

Abrimos nuestras puertas para aquellos individuos y colectivos que decidan ser parte de la construcción de estos frentes,  incorporándose a la  comunidad de la OPC-CLETA  y sus  instituciones periodísticas, pedagógicas y artísticas.