La compañía de Teatro Aleph nació a fines de la década de 1960, por iniciativa de un grupo de estudiantes del Instituto Nacional y del Liceo 1 de Niñas. Al comienzo el número de integrantes bordeaba los sesenta, pero a poco andar la nómina de actores se redujo a doce. Una vez concluída la etapa escolar, los miembros de este grupo iniciaron sus estudios universitarios. En medio de la agitación del período, especialmente en el ámbito de la reforma universitaria, el Aleph fue construyendo su espacio propio.
La anéctoda del nombre de la compañía cuenta que el grupo debía participar en un festival de teatro universitario-obrero por lo que necesitaban un nombre con el que presentarse. Fue Eduardo Sabrovski, estudiante de ingenería, que los bautizó como Aleph. Oscar "Cuervo" Castro, destacado actor y fundador de la compañía, recuerda: "Le preguntamos qué era aleph y nos contó que en matemáticas, es el primer número que está después del infinito. Es un punto donde se encuentran todos los puntos del pasado, del presente y del futuro. También era un cuento de Borges, entonces había tantas cosas por las que ponernos Aleph". (Hurtado, María de la Luz. "Pasiones y avatares del alma del Aleph, Apuntes , (113): 73, segundo semestre 1998 y primer semestre de 1999).
Hacia 1972, el Aleph era considerado por la crítica como uno de los conjuntos teatrales más vanguardistas de la época. Sus integrantes eran Marieta Castro, Ana María Vallejo, Carola Vallejo, Oscar Castro, Luis Alfredo Cifuentes, Juan Enrique Droguett, John McLeod y Fernando Cordero. Sus obras eran producto de la creación colectiva y frecuentemente aludían a la realidad contingente. Entre los montajes de este período se cuentan ¿Se sirve un cocktail molotov? , Viva in-mundo de fanta-cía , Cuántas ruedas tiene un trineo y Casimiro peñafleta .
Después del golpe de Estado de 1973, la compañía persiste en hacer teatro. A pesar de la autocensura, el miedo y la incredulidad de algunos de sus integrantes, el 14 de octubre de 1974, después de todo un año de trabajo, estrenaron Y al principio existía la vida en la Sala del Ángel, con todas las butacas ocupadas. La obra fue escrita por Oscar Castro, quién abordó el momento histórico que vivía Chile a través de metáforas y un fuerte simbolismo. La música del montaje estuvo a cargo de Angel Parra, quién firmó con el seudónimo Luis Cereceda puesto que acababa de salir del campo de concentración de Chacabuco.
Un mes después del estreno la obra fue clausurada. Oscar Castro y su hermana Marieta fueron detenidos y trasladados a distintos centros de detención. Pocos días después la madre de ambos y John McLeod, miembro del grupo y cuñado de Oscar Castro, pasaron a ser detenidos desaparecidos.
Oscar y Marieta Castro fueron exiliados a Francia, en donde se encontraron con otros antiguos integrantes de la compañía y fundaron el Teatro Aleph en Francia, el que funciona activamente hasta nuestros días.

Pero sigo siendo el Rey es una adaptación a la obra original Érase una vez un Rey del grupo ALEPH; ha sido montada anteriormente por varios grupos del Centro Libre de Experimentación Teatral y Artística y hoy la Compañía de Teatro de CLETA retoma esta puesta en escena por su vigencia dentro de los tiempos políticos que vive nuestro país.